Sus temas preferidos: prostitutas, bailarinas y escenas de café, con gran conocimiento y soltura, se interesó menos en la luz o el color y más en la forma y el movimiento, que reproducía con líneas vigorosas mujeres casadas buscan amante en la serena y enormes áreas de color mate.
Muchos lectores se entristecen, se lamentan, se sienten desengañados.
Una proposición de matrimonio Lise pensó en instalar un hospital militar en el KWI y para ello pidió el apoyo de Planck y Ernst Beckmann.El geógrafo y filósofo Estrabón la describió en el siglo I como una gran ciudad que se levantaba paralela al mar; estaba atravesada por una gran espina dorsal, la inmensa avenida de treinta metros de ancho que iba de este a oeste, y cruzada por.Además de su bondad y de su sencillez, sabe oír, pensar, valorar, dirigir, alegrar, innovar, autorizar y negar.Una inmensa capacidad mostradora y una ilimitada simpatía humana, llevaron a Cervantes -clave histórica de su sociedad y de su tiempo- a reflejar innumerables personajes -del pueblo, sobre todo- envueltos en muy variadas circunstancias.Porque al fin y al cabo el Quijote -plasmación de inteligencia, deseo, intuición, sensibilidad y amor de un hombre y hasta de un pueblo- se origina en las profundidades del alma de Cervantes.4 -La vida de Don Quijote como ofrenda meta-vital Cuando el cerebro se excita con sueños de victoriosas caballerías, cuando no se conocen exactamente las diferencias entre el querer y el poder, la imaginación vuela libremente y el espíritu cree poder llevar el comando.«-Quién eres, adónde vas, de dónde vienes?Estas leyes se exponen en el primero de los tres libros que forman los Principia ; en el segundo presenta un trabajo sobre mecánica de fluidos y otros sobre cálculo diferencial.Juntos también leían la Biblia, que analizaban y les planteaba no pocos debates.«Después de cenar, madame de Châtelet cantará una ópera entera tienes que contener la respiración.Todo humano propósito -bien lo sabe el caballero- sufre ineludiblemente la mordedura de la insoslayable inseguridad que nace de la contingencia y singularidad de nuestros actos.



Edwards,., The Divine Mistress, Londres, 1971.


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