mujeres buscando hombres latinos

Quién le dijo a Plinio que el hombre tiene mayor celebro que todos los demás animales?
Empero creo con algún fundamento, que los antiguos, que se citan, hicieron poca merced a aquel País, tomando la ignorancia, originada de la falta de aplicación, por incapacidad; a lo que pudo concurrir también ser la Beocia, confinante de la Ática, donde florecían las letras.En atención a ellas, también se infiere de doctrina de Aristóteles que las mujeres son más perspicaces que los hombres.Si se aclarara la genealogía de sus desórdenes, cómo se hallaría tener su primer origen en el porfiado impulso de individuos de nuestro sexo!Fue tan excelente Poetisa, que el discretísimo Jesuita Dominico buscar amigas solteras en bogota Bohuours insertó muchas Poesías suyas en la Colección que hizo de versos escogidos.Los que asientan que la mayor cantidad de celebro trae consigo la facultad de entender mejor, lo fundan en que el hombre, que es el más advertido de todos los animales, tiene mayor celebro a proporción que todos.Y aun Laurencio Beyerlink en su elogio dice, que no se hizo cosa grande en su tiempo, en que ella no fuese la parte, o el todo: Quid magni in regno, sine illa, imo nisi per illam fere gestum est?Así que cuanto más potable que reciben, más caliente y más sexy obtiene los espectáculos!A la edad de doce años hizo voto de virginidad.No niego los vicios de muchas.Murió de 46 años en el de 1646.Una Bonna, paisana humilde de la Valtelina, a quien encontró en una marcha suya Pedro Brunoro, famoso Capitán Parmesano, en edad corta, guardando ovejas en el campo; y prendado de su intrépida viveza, la llevó consigo para cómplice de su incontinencia; pero ella se hizo.Cuéntase que habiendo hecho su retrato propio en cera al espejo, unas perlas, que servían de adorno a la imagen, salieron tan naturales, que nadie creyó que fuesen de cera, hasta hacer la experiencia de picarlas con un alfiler.Pero esta acusación es mal fundada, como originada de falta de advertencia.En las mujeres que se mataron a sí mismas, no se propone esta resolución como ejemplo de virtud, sino como exceso vicioso de la fortaleza, que es lo que basta para el intento.A la que está aburrida de ver a todas horas un semblante ceñudo, es natural que le parezca demasiadamente bien un rostro apacible.
Y no faltó alguna que los hizo; 350 pues Lucrecia Marinella, docta Veneciana, entre otras obras que compuso, una fue un libro con este título: Excelencia de las mujeres, cotejada con los defectos, y vicios de los hombres, donde todo el asunto fue probar.




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